Narrativa y ficción
Instrucciones para desaparecer
Treinta historias, treinta formas de miedo y una última pregunta: ¿qué nos aterra más que morir? ¿Dejar de existir para los demás?
Por Yamiko Raijuu
Oscuridad. Altura. Espacios cerrados. El mar. Perderse. Arañas. Dicen que los miedos cambian de rostro, pero todos escondemos uno en común: dejar de existir para los demás. Desvanecernos sin que nadie lo note.
1. Comienza por guardar silencio
No dejes de hablar de golpe, sería demasiado evidente.
Responde un poco menos, cuenta menos cosas y aprende a decir que estás bien incluso cuando alguien se detenga a preguntar. Con el tiempo, dejarán de hacerlo.
2. Desocupa tu lugar
Empieza por las pequeñas cosas: una silla, una conversación, un espacio en la mesa.
No insistas cuando nadie advierta que te has marchado. Descubrirás que los lugares pueden acostumbrarse a estar vacíos mucho antes de que alguien note tu ausencia.
3. Evita los espejos
No porque vayas a encontrar algo detrás del cristal, sino porque llegará un momento en que te costará reconocer a quien te devuelve la mirada.
Observa tus fotografías y recuerda cuándo fue la última vez que te sentiste como esa persona. No intentes recuperarla.
4. Deja de esperar
No llegarán mensajes, llamadas ni invitaciones. Acostúmbrate a que los planes continúen sin ti y las conversaciones terminen sin despedidas.
Pronto te darás cuenta de que nadie te busca.
5. Despréndete de tu nombre
Al principio todavía responderás cuando lo escuches. Después tendrás que pensarlo.
Más tarde, quizá, alguien lo pronuncie y sentirás que se refiere a otra persona.
No te corrijas.
6. No regreses por lo que has dejado atrás
Habrá objetos que todavía conserven tu forma: ropa en el armario, libros a medio leer, una taza olvidada. Déjalos donde están. Permite que alguien más decida qué hacer con ellos.
Todo lo que alguna vez fue tuyo ya no te pertenece.
7. Comprueba que has desaparecido
Mira a tu alrededor.
El reloj continúa avanzando, las luces se encienden y se apagan, alguien ríe en la habitación de al lado.
Quizá esa sea la parte más difícil: comprender que el mundo no se ha detenido.
8. No respondas cuando te llamen
Si alguna vez escuchas tu nombre en mitad de la noche, espera. Puede ser un recuerdo, una voz que reconoces, alguien que todavía busca encontrarte.
A estas alturas, ya no sabrás si deseas regresar o si simplemente tienes miedo de que alguien haya notado que te fuiste.
Entonces lo entenderás: desaparecer no es morir. Es ser testigo del instante en que la realidad deja de pronunciarte.