Reflexiones personales
¿Porque nos apresuran?
Infancia, juventud y adultez
Por Rouss
¿Por qué nos apresuramos tanto a crecer cuando éramos niños y ahora que estamos creciendo lo único que queremos es detener el tiempo?
Ya tengo que escoger una carrera, una universidad y, la verdad, todavía no lo sé. Siento que tengo que tomar decisiones que definirán gran parte de mi futuro, pero ¿cómo se supone que debo saber qué quiero hacer con mi vida si todavía estoy descubriendo quién soy? Tengo que avanzar, no quedarme atrás y empezar a construir mi futuro, o al menos eso dice mi madre.
Tengo muchas cosas por hacer, pero también muchas cosas por desear. Quiero estudiar, cumplir mis metas, conocer lugares, salir, equivocarme, enamorarme, reír hasta que me duela el estómago y vivir experiencias que algún día pueda recordar con una sonrisa. Pero también quiero tener tiempo para mí, para mis amigos, para mi familia y para todas esas pequeñas cosas que parecen no tener importancia hasta que dejamos de vivirlas.
Lo raro es que no sé si me queda tiempo para ambas cosas con tan solo 17 años.
Parece que al salir del colegio nuestra vida cambia por completo. Pasamos de preocuparnos por tareas, exámenes y trabajos a tener que pensar en universidades, carreras, dinero y responsabilidades. De pronto, todos esperan que tengamos un plan, que sepamos qué queremos y que estemos seguros de cada decisión. Pero ¿qué pasa si no lo estoy? ¿Qué pasa si todavía quiero disfrutar un poco más antes de tener que preocuparme por todo lo que viene?
A veces me pregunto qué pasaría si no tuviera tanta prisa por crecer. ¿Estaría haciendo algo mal? ¿Mis padres se decepcionarían de mí? O, más que nada, mi MADRE, porque es quien más me repite que ya viví mi etapa de adolescente, que ahora tengo que pensar en mi futuro y dejar ciertas cosas atrás.
Pero ¿cómo puede estar tan segura de que ya la viví? ¿Cómo sabe que disfruté lo suficiente si ni siquiera yo siento que haya sido así?
Todavía tengo ganas de hacer tantas cosas, de vivir momentos que quizás nunca se repitan, de salir sin preocuparme tanto por la hora, de tener días en los que mi mayor problema sea decidir qué hacer con mis amigos. Quiero tener recuerdos, cometer errores de los que pueda aprender y sentir que realmente viví esta etapa, no que simplemente pasé por ella esperando que llegara la siguiente.
Y es extraño, porque por un lado quiero crecer, ser independiente, cumplir mis sueños y demostrarme que puedo lograr grandes cosas. Pero por otro, me asusta pensar que crecer también significa dejar atrás muchas cosas que todavía no estoy preparada para soltar.
A veces, aunque tenga 17 años, sigo sintiéndome como una niña. Una niña que quiere hacer muchas cosas, que tiene miedo de equivocarse, que no sabe exactamente qué quiere y que, en el fondo, quisiera que alguien le dijera que no tiene que tenerlo todo resuelto todavía.
Quizás no quiero detener mi futuro, simplemente quiero disfrutar mi presente sin sentir que estoy perdiendo el tiempo.
Porque tengo miedo de que, por intentar convertirme tan rápido en una adulta, termine extrañando a la adolescente que fui y preguntándome por qué no me permití disfrutarla un poco más.
Y entonces vuelvo a preguntarme: ¿está mal querer seguir siendo una niña un poquito más, incluso cuando todos esperan que empiece a comportarme como una adulta?
¿De verdad estoy atrasándome en la vida o simplemente estoy intentando vivirla a mi propio ritmo?