Narrativa Autobiográfica
Una máquina de nostalgia y ensueño.
El futuro y el presente siempre estarán, por mucho que lo ignoremos.
Por Taliana
"Vivimos en un mundo en el que constantemente nos preguntamos y cuestionamos muchas de nuestras formas de actuar y de pensar. Pasamos el tiempo imaginando y fantaseando tanto que ya no logramos distinguir si estamos aturdidos por el futuro o el presente.
Adoro mi mente; imagino historias y situaciones, fantaseando incluso con las cosas más pequeñas. A veces, me invade la nostalgia al recordar tantas cosas que podríamos haber cambiado en el pasado, cosas que, al reflexionar sobre ellas ahora, quizás nos habrían permitido disfrutar un poco más.
Lo que no sabemos es que debemos vivir el ahora. Porque, si siempre estamos pensando en el pasado, nos deprimimos; y si estamos pensando en el futuro, de alguna manera nos ponemos ansiosos. La única cura para ambas "enfermedades" es centrarnos en el presente y aceptar todos los problemas que no podemos cambiar nosotros mismos".
-Dije esto mientras lo anotaba en mi diario.
Me quedé sumergida en mis profundos pensamientos, sin añadir ni una palabra más a la página. Por un momento, me pregunté… ¿podría existir realmente una máquina del tiempo? (Me lo pregunté a mí misma, mientras me miraba en el espejo). Una máquina que me permitiera viajar a tantos lugares y vivirlos en vida propia..
Recorrer épocas y vivirlas en carne propia, vivir esa época en en siglo XIX. Esa época romántica con sus bailes de alta sociedad y la burguesía de exigencia de vestidos largos con corset.
-Al mismo tiempo, me invadió la nostalgia al pensar en mi padre: me encantaría volver a verlo, abrazarlo y decirle lo mucho que lo amo.
Sentada frente a mi tocador y mirándome en el espejo, noté algo brillante detrás de mí, colgado en la pared. Decidí darme la vuelta. Impulsada por la curiosidad, me levanté para ver qué era aquello que brillaba con tanta intensidad. Lo tomé y, al examinarlo, me di cuenta de que se trataba de un reloj analógico; era precioso, y nunca antes había visto algo tan sencillo y, a la vez, tan brillante.
Lo que despertó mi curiosidad fue que no se parecía a ningún otro reloj que hubiera visto antes; tenía algo único, algo que sabía que nunca antes había visto. Consulté la hora en mi teléfono y la comparé con la del reloj, solo para descubrir que no coincidían..
Me pareció muy raro haberlo visto en mi habitación y me pregunté si mi mamá lo había dejado ahí. Corrí a ir a preguntarle pero recordé que no estaba en casa.
Regresé a mi habitación y busqué mi teléfono para configurar la hora del reloj; pero, al presionar el botón, miré a mi alrededor y sentí una sensación desconocida.
Ya no estaba en mi cuarto; me encontraba en un palacio, en una propiedad verdaderamente hermosa. Por un instante, me pregunté: ¿habré viajado al mismo siglo que tanto me obsesionaba? De pronto, una doncella me habló: -«¡Señorita, llegará tarde al baile! Arriba, una dama la espera para ayudarla a prepararse. Queda poco tiempo, ¡así que, por favor, dese prisa, o llegará tarde!»-.
Subí a una habitación que parecía sacada de un sueño. Una mujer me esperaba; me vistió, me peinó y me transformó en una dama de la alta sociedad, vestida con un elegante vestido largo hasta el suelo. Al llegar al baile, mi futuro esposo me esperaba. Me quedé tan desconcertada tan sumergida en aquella escena que permanecí inmóvil, incapaz de hablar o moverme.
El apuesto hombre se acercó, me tendió la mano y preguntó: -«¿Aceptaría mi futura prometida compartir este encantador baile conmigo?»-.
Acepté, pero apenas había pasado un minuto cuando el reloj que llevaba al cuello comenzó a vibrar. Miré la hora: casi era medianoche. -Algo me indicó que debía marcharme antes de desvanecerme y dejar a todos sumidos en la confusión. Miré a mi futuro esposo, le di un beso en la mejilla y me dirigí hacia la puerta.
De repente, me vi de nuevo en mi propia habitación. Confundida, miré a mi alrededor y luego descubrí mi reflejo en el espejo; estaba completamente sorprendida, asombrada, desconcertada. Sin tiempo para asimilar lo ocurrido, miré el reloj, lo arrojé sobre la cama y me quedé allí, todavía aturdida, intentando darle sentido a lo que acababa de suceder...
Después de unos minutos volví a agarrarlo con la esperanza de que me llevara a ese lugar y a ese momento que tanto anhelaba...
Sin pensármelo dos veces, presioné el botón una vez más..
Desperté en la cama de mis padres, acompañada por el canto de los pájaros -los canarios, y por mi perro, Woody.
Lo primero que hice al despertar fue buscar a mi padre y abrazarlo. Lloré con tanta intensidad que él no dejaba de preguntarme por qué; ¿cuál era el motivo de mis lágrimas? -No respondí; simplemente lo seguí abrazando y le dije cuánto lo amaba. Él intentaba calmarme, confundido pensando en porque su pequeña niña seguía llorando.
Simplemente lo miré, me calme y lo abracé aún con más fuerza. Sentí una vibración de nuevo, pero no le presté atención; preferí seguir abrazando a la persona a la que tanto había deseado volver a ver.
-En medio del abrazo, le pedí que nunca olvidara cuánto lo amo.
Me desperté en mi habitación, apoyada en mi diario humedecido por las lágrimas. Mi madre entró en la habitación sosteniendo aquel mismo reloj; me lo entregó y me preguntó por qué tenía los ojos tan hinchados y llorosos. Me quedé confundida y llena de incertidumbre, preguntándome si aquello había sido real o simplemente un sueño.
-Le dije a mi madre que no había pasado nada; tal vez simplemente había dormido demasiado.
Con el reloj entre mis manos, decidí no preguntarle dónde lo había sacado. Me quedé a solas reflexionando sobre ello, al darme cuenta de que, gracias a este objeto, había viajado donde tanto había soñado...