Narrativa y ficción
Fantasma
Vivo en calidad de fantasma, medio ausente, medio inocente.
Por Mar Gutiérrez
Fantasma
Vivo en calidad de fantasma, medio ausente, medio inocente.
Me mantengo en calidad de alma errante, en una tierra seca y abandonada por la humanidad. En un mundo que parece ignorar la pena y la tristeza que he dejado como rastro de mis pasos en su nieve.
Camino entre grietas de recuerdos, charcos a medio secar de nostalgia y el sonido del polvo viajando y arrastrando las promesas que alguna vez pudieron ser realidad. Como un residuo de alma que evita volar a lo que hay más allá del ardiente sol en este desierto.
Mis hombros chocan con la vitalidad ajena que se mueve a mi alrededor y por la que me abro paso para llegar a ningún lado. Cuando el rostro familiar de mis antiguos recuerdos se aparecen a la distancia, como un espejismo de calor, logro tomar conciencia de donde estoy y correr para recibir algo de afecto. Sin embargo, la nube familiar se evapora y mi mente vuelve al estado neutro.
A veces me pregunto sí algún día podré salir de esta sensación y cuando el viento me responde con un susurro, recuerdo porque es mejor seguir aquí, entre la neblina.
Me mantengo en calidad de ausente, en un rincón donde nadie puede notar mi presencia, donde mis respuestas en la conversación son susurros que nadie puede escuchar, donde mi presencia puede ser reemplazada por una canción lenta que suena al fondo del bullicio de la gente.
Soy un fantasma que le teme a ser notado, al interés, al afecto, porque sé que con el cariño llega el abandono y permanecer en el olvido de una tumba sin nombre congela las entrañas. No me gusta dormir con la soledad al otro lado de la cama.
Cuando finaliza mi marcha por la carretera de la rutina y la noche enciende el fuego de las emociones, tengo que ocultarme, podré pasar desapercibido entre vidas ocupadas y planes extraordinarios, pero no puedo hacerlo de las frustraciones y los miedos, que apenas oculto el sol, se abren paso en mis pensamientos y persiguen hasta que las lágrimas inundan el desierto de mi condena.
Creo que siempre he sido una pila de recuerdos rotos y pensamientos imposibles en un cascarón desechable que busca dejar de acumular desahogos y malos ratos. Dejen a los muertos libres de culpas, en especial si no han podido morir.