Narrativa y ficción
Yo soy...
¿Qué haces si alguien más se quiere robar tu vida?
Por Sergio Castro
Cuando cerré la puerta del auto en el que se iba mi esposa y mi hijo supe que estaba tomando la mejor decisión, no quería exponerlos al peligro. Me despedí de ellos y subí al departamento, sabía perfectamente que me seguía, podía sentirlo. Cada que pisaba un escalón estaba atento a que pudiera aparecer. Así que tomé las precauciones debidas y corrí lo más rápido hacia el cuarto piso.
Entré, dejé pasar unos segundos para recuperarme y de inmediato verifiqué que todos los espejos estuvieran cubiertos. Recorrí dos veces las habitaciones, los baños y el hall, respiré aliviado.
Desde hace unas semanas que en el departamento se comenzaron a manifestar cosas, situaciones que ni mi esposa ni yo nos explicábamos. Mi hijo, de 8 años decía que veía personas en el espejo, y lo que más nos llamó la atención es que veía mi reflejo cuando yo ni siquiera estaba en casa. Al principio pensamos que era producto de su imaginación, ya saben, algunos niños tienen amigos imaginarios, pero después era mi esposa quien comenzó a verme, incluso me dijo que de un tiempo a la fecha no actuaba como normalmente lo hacía.
Hasta que un día la gota derramó el vaso. Mi mujer había ido a recoger a nuestro hijo al colegio, cuando regresaron todo cambió.
¡Ah!- Mi esposa soltó el vaso con agua que tomaba cuando escuchó el grito del pequeño, corrió hasta su cuarto y lo que vio la hizo cuestionar lo real de lo fantástico. Una mano, una mano humana, salía del espejo del cuarto del niño y estaba a punto de jalarlo, ella se interpuso entre nuestro hijo, lo cargó y salió corriendo.
Me marcó desesperada, cuando contesté la llamada no podía entender lo que me decía pero sabía que era una emergencia. Salí de la oficina y llegué lo más rápido a casa.
No podemos quedarnos en casa, esto rebasa todo lo que habíamos pensado, me dijo mientras temblaba y trataba de darme una explicación lógica, dentro de su desesperación, le aterraba que no le creyera o pensara que estaba loca.
Te creo. Le dije, y la verdad es que no quería asustarte pero también he visto cosas en los espejos y sí, también me he visto a mi, pero diferente. Ella corrió y me abrazó sintiendo una especie de alivio. Deberían irse a casa de tus padres unos días en lo que trato de resolver todo esto.
¿Pero que harás? Me preguntó. Romper los espejos y quizá ir por un sacerdote, pero lo que tenga que hacer necesito hacerlo solo, no quiero que tu y nuestro hijo lo vean.
Puso algunas cosas en las maletas y se fueron.
Ahora estoy frente al espejo del cuarto del niño, preguntándome si romper el espejo o quitar la manta y enfrentar lo que haya del otro lado. Finalmente el trabajo de un buen esposo y padre es cuidar a su familia.
Respiré y de un solo movimiento quité la tela, con mi mano derecha sostenía el martillo. Observé, nada fuera de lo común, solo mi reflejo, tal como lo recordaba. Entonces detrás de mi vi lo imposible, era yo. Volteé sorprendido y no había nada, cuando regresé la cabeza ahí estaba frente mío, a través del espejo, definitivamente era yo, pero con algo diferente.
Como pude le dije ¿Qué quieres? ¿Quién eres?
Vengo por lo que es mío- dijo con una voz espectral.
¿De qué hablas? Insistí
De pronto esa cosa empezó a sollozar. Sabes de qué hablo, este lado es un infierno, no hay leyes aquí, no hay paz, no hay amor, todos los días tengo que escapar. Por favor quiero esa vida, tu vida.
Mientas hablaba, a lo lejos se escuchaban lamentos, parecía que se abría el infierno, me resultaba tan familiar. Yo no hacía más que temblar, no podía controlarme.
No. Le dije, no se de que hablas, yo soy de aquí y tu de ese lugar si es que se le puede llamar así. No puedes convertirte en alguien que no eres.
Pero si soy, me dijo.
El temblor se fue, mi mirada de asombro desapareció. Si, tienes razón, pero no fui yo quien pidió la ayuda, solo tomé la oportunidad. De todos nuestros dobles cuánticos fui el único que te escuchó.
Y ¿sabes? Me he esforzado demasiado para mantener la estabilidad que tu no tenías.
Regrésame mi vida. Insistió. No seas un monstruo, por favor.
Me lo quedé viendo, recordé a su esposa, que ahora es mía, a su hijo que ahora es mío y su vida que también es mía. ¿Cómo podría vivir el resto de mi vida arrebatando una historia y una identidad que no es ni remotamente mía? El es solo un hombre que quiso escapar de la rutina, del día a día, de las obligaciones, de sus errores. ¿Era justo dejar que pagara mi condena en ese mundo? Si algo aprendí de este lado es que no todas las personas son malas, existe la empatía y valores que yo había olvidado. Quizá era momento de enfrentar mis consecuencias. Suspiré y lo miré a los ojos.
No, y con todas mis fuerzas rompí el espejo. Lo mismo hice con todos los de la casa. Los hice añicos. Asegurándome que no tuviera alguna manera de regresar. Junté los pedazos y los llevé a la basura. Suspiré aliviado, solo queda ingeniármelas para convencer a mi esposa que todo fue estrés y que por un tiempo no tendremos espejos, finalmente no creo que a el le quede mucho tiempo de vida.
Tomé mi teléfono y marqué su numero. Hola, amor, ya pueden regresar. Me deshice del problema.