Narrativa Autobiográfica
El terror de sonreír mientras el mundo arde
¿Por qué nos da culpa estar felices cuando el algoritmo solo nos vende caos?
Por Karime Ortiz
Oigan, hablemos de algo incómodo. Bueno, literal de un terror bien tonto pero super real que traigo en la cabeza.
El otro día estaba haciendo doomscrolling a las tres de la mañana, leyendo puras noticias horrendas, viendo la crisis, amenaza de guerra, tráfico colapsado y el planeta cayéndose a pedazos. El panorama de siempre, pues. Y de repente, entre tanta tragedia, me salió un anuncio de un mini gloss que olía a cereza como el que tenía cuando era peque y, no me juzguen, mi cerebro de inmediato gritó: "¡Lo necesito para sobrevivir!".
Y ahí fue donde se armó una revolución en mi propia cabeza.
O sea, me dio una culpa atroz. ¿Con qué cara me voy a emocionar por comprar un labial tonto, cuando afuera hay tanto dolor y tanta incertidumbre? Tenemos este chip metido de que si no estamos sufriendo, desgastándonos o cargando con el peso del universo entero, somos unas irresponsables. Nos da un pánico horrible que nos tachen de huecas, de ignorantes o de vivir en una burbuja de cristal mientras todo arde. Sentimos que ser felices es una falta de respeto al sufrimiento ajeno.
Pero a ver, piénsenlo un segundo. Vivimos con una exigencia brutal de estar resolviendo todo el tiempo: el trabajo, la terapia, la manifestación correcta, la postura perfecta... Nos aterra convertirnos en personas insensibles, sí, pero también nos estamos secando el alma a nosotras mismas por culpa de esa autoexigencia tóxica.
¿Y si la alegría no es indiferencia?
Anoche, mientras me ponía el dichoso gloss frente al espejo y escuchaba música pop en la bocina, me cayó el veinte. Celebrar una tontería, emocionarte por un detalle chiquito, permitirte reírte en medio del apocalipsis diario no significa que estés ignorando el mundo, al contrario, es un acto de resistencia.
Porque si dejamos que la culpa nos gane y renunciamos a lo que nos hace sentir vivas, si nos resignamos a vivir con el corazón acartonado solo para encajar en el sufrimiento colectivo, entonces la oscuridad ya ganó la partida.
Así que no, ya no me voy a disculpar por querer buscar luz. Voy a seguir celebrando mis pequeñeces, voy a seguir bailando en pijama y voy a cuidar mi chispa. Porque para caminar por este mundo tan loco y pesado, lo último que necesitamos es apagar nuestro propio brillo. ✨🌷