Creatividad
Las Bestias de la Bruma
Las Bestias de la Bruma
Por Isabel Vaca
Los Leviatanes de las Nubes eran criaturas biológicas gigantescas, compuestas de membranas orgánicas ultraligeras y cavidades de gas metabólico. No luchaban contra el viento de Ícaro-IV; se convertían en él. Utilizaban las corrientes térmicas ascendentes y la diferencia de densidad entre las capas de gas para flotar eternamente sin gastar una sola gota de energía artificial.
Para la ciencia corporativa del Consejo, los Leviatanes eran solo una amenaza para la navegación o una fuente de grasa orgánica. Para Kaelen, eran la clave de la supervivencia.
Durante dos años, en un astillero clandestino suspendido en las sombras de un hangar abandonado, Kaelen, Lian y un grupo de artesanos expulsados de la academia habían construido el Vanguardia.
No era una nave de metal ni un barco flotante convencional. Era una estructura viva, una simbiosis de ingeniería y biología sintética. Su armazón estaba hecho de fibra de carbono moldeada en forma de costillas flexibles, recubierta por una piel de polímero térmico fotosensible que imitaba la membrana de los Leviatanes. No tenía reactores de fusión ni quemadores de gas. En su lugar, utilizaba un sistema de cavidades pneumáticas que absorbían el gas metano de la atmósfera, lo calentaban mediante la radiación solar y alteraban su densidad de manera orgánica.
—Es una cometa de trescientos metros de envergadura —dijo el Gran Canciller del Consejo cuando Kaelen presentó el proyecto meses atrás para detener las ejecuciones de los sectores inferiores—. Una locura artesanal. No sostendrá a la población.
—No es una cometa —había respondido Kaelen—. Es una vela tridimensional. Las ciudades caen porque son anclas de hierro. Si nos volvemos alas, el planeta nos sostendrá gratis.
El Consejo lo declaró herético y ordenó la incautación de su taller. Pero ya era tarde.