Fantasía
La verdadera identidad de Alicia
Capítulo 7
Por giulianna
—¿Eres Alicia? ¿Realmente nuestra Alicia? —murmuraban a su alrededor—.
Las voces resonaban en el eco brumoso de aquel mundo onírico creado por Absalón. De pronto, ante sus ojos se desplegaron imágenes en una pantalla gigantesca; a su lado, la oruga la observaba con esa mirada fría e inexpresiva de siempre.
—En este mundo necesitamos una Alicia que, al cumplir los diecisiete años, nos salve de nuestro martirio —comenzó Absalón, exhalando una perezosa espiral de humo—. El Iluminado me encargó la selección de candidatas de diferentes mundos para que vinieran al nuestro, gracias a la ayuda de La Viajera. Era mi deber escoger a la indicada, la verdadera Alicia, la destinada a matar al Jabberwocky y a la Reina de Corazones, tal como profetizó la leyenda. Hoy, en el Día Glorioso —el momento en que todas las candidatas debían presentarse ante mí—, la Reina de Corazones irrumpió con la ayuda de su fiel séquito para secuestrarlas. Quería exhibirlas y asesinarlas. Aunque algunas han escapado gracias a ese payaso que vino a verte tal como tú lo haces ahora... ninguna es la verdadera Alicia.
Absalón dio otra calada con total lentitud, imperturbable.
—¿Yo quién soy? ¿Soy la verdadera Alicia? —preguntó ella, con la voz temblorosa. —No, no eres la Alicia que queremos.
—¿Entonces qué tengo que hacer para volver a casa? —Tienes que encontrar la respuesta tú sola.
De repente, un denso humo la envolvió, impidiéndole ver a la oruga o formular más preguntas. Cuando la neblina se difuminó, se encontró de pie frente a la imponente puerta de madera de una elegante mansión. En sus manos sostenía dos trozos de seta que habían emergido de la nada; recordando el espejo redondo que guardaba en el bolsillo derecho, decidió meterlas con cuidado en el izquierdo.
—¿Y hablasteis con la Oruga Azul? —preguntó una voz a su espalda.
Alicia se sobresaltó al ver de nuevo a Cómodo. Lo observó detenidamente, intentando descifrar esa expresión jocosa y el misterio que ocultaba aquel salvador.
—¡Tú…! —le propinó una fuerte patada en la pierna.
—Auch, qué salvaje eres, queridísima Alicia.
—Tu cara me resulta familiar, pero no recuerdo muy bien…
—Yo... —arqueó la ceja en un gesto de desafío—. Eso es imposible; si te hubiera conocido antes, ya te habría convertido en mi esposa.
—¡Déjate de payasadas! Me mentisteis. Absalón no me dio ninguna solución a mis problemas.
—Es lo mejor que sé hacer, es mi profesión —respondió él, comenzando a bailar de forma exagerada frente a ella—. Acerca de la oruga, solo te dije que era el más sabio, nada más.
—Absalón me dijo que no soy la verdadera Alicia. Entonces, si no soy yo, ¿Qué voy a hacer para volver a ver a mi familia? —Alicia se contuvo para que las lágrimas no rodaran por sus mejillas, sintiendo un agudo escozor en los ojos—. Además, dijo que otras chicas como yo se han escapado con la ayuda de un payaso, y que tampoco eran las verdaderas. ¿Sabes dónde están?
Cómodo esbozó una sonrisa, aunque la muchacha pudo notar una ligera tensión en la comisura de sus labios.
—Sabía que la Oruga Azul era un patán, pero no hasta ese punto... No le creas, queridísima Alicia, tú eres la verdadera, estoy seguro de ello. Y de las otras chicas... no sé absolutamente nada.
—¿Y si soy la verdadera Alicia, para qué me llevasteis a ver a Absalón?
—Es un secreto.
—Ya estoy harta de tus secretos. Te estás burlando de mí, es mejor que me aleje de ti.
—No, confía en mí. Te envié allí porque necesitabas ver a Sibila y recibir la bendición de los dioses. A la oruga solo le fascina hacerse el difícil; verás que te dará su bendición cuando llegue el momento. A propósito... ¿Sibila te la dio?
—Sí, lo hizo —respondió ella a regañadientes—. Ahora dime, ¿quién es El Iluminado y La Viajera? ¿Qué quiere decir con diferentes mundos? ¿Es de ahí de donde vienen las demás muchachas?
—Demasiadas preguntas para esa pequeña cabecita. Solo te diré lo que sé: Delvaris es el hijo mayor de nuestros dioses padres, conocido como El Iluminado. Él predice el destino de nuestro mundo mediante sus profecías y nadie puede alterarlo. Debido a que profetizó el final de la Reina de Corazones, ella ha decidido hacer todo lo posible para evitarlo, pues se niega a aceptar su destino. No te preocupes, queridísima Alicia, si cumples con tu misión estoy seguro de que regresarás a casa.
—Yo no quiero matar a nadie, ni siquiera a esa villana.
—Lo sé, pero así lograrás regresar a casa. ¿Eso no es lo que deseas?
Alicia guardó silencio. Sabía cuál era su respuesta, pero prefirió cambiar de tema, abrumada por la situación.
—¿Y ahora dónde estamos?
—Esta es la mansión del Relojero.
—¿Y por qué tenemos que venir aquí?
—Porque te quedarás con él; te protegerá de la Reina de Corazones por un tiempo.
—¿Cómo es que no sabes nada de las muchachas? —insistió ella, recalcando la duda. —Habrá muchos Jokers de la reina; seguro que otros de los míos las habrán puesto a salvo. —Pero es imposible... ¿no dijisteis que todas habían muerto?
—Quizá estaba equivocado, o mis compañeros también decidieron ayudar por su cuenta.
—Todos poseen tu misma magia.
—Sí, somos los Jokers de la Reina.
Alicia ya no sabía si creerle o no; la desconfianza crecía en su interior, empujándola a alejarse de él. Cómodo estaba a punto de girar el picaporte con forma de reloj cuando la puerta se abrió de improviso, revelando a dos muchachos muy atractivos con los característicos ojos de color ámbar de los Ñan.
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En el País de las Maravillas destacaban principalmente cuatro razas: los Ñan, las Bestias Ancestrales, los Zic y los Person.
Los Ñan eran seres mágicos de belleza excepcional, identificados por sus peculiares ojos ámbar. Habían decidido adoptar un aspecto humano por capricho, aunque poseían la capacidad de transformarse en animales u objetos. Fueron los primeros seres creados por los Dioses Padres mediante polvos celestiales. Del mismo modo, los dioses crearon a las Bestias Ancestrales para que fueran sus mascotas favoritas, pero al aburrirse de ellas, las dejaron a su libre albedrío para que vagaran por todo el territorio.
Por su parte, la Diosa Dezic —conocida como La Bizarra— creó a los Zic, animales capaces de caminar en dos patas y hablar como los seres mágicos, aunque carecían de poderes y de los ojos ámbar; sus ojos eran completamente negros. Finalmente estaban los Person, llamados así en honor a la Diosa Orfius, la diosa de los viajes espaciales, conocida también como La Viajera. Durante sus travesías por diferentes planetas, Orfius se había interesado en los seres humanos al percatarse de que, a pesar de ser físicamente débiles, poseían una enorme capacidad de adaptación e ingenio. Fue ella quien secuestró a un hombre y a una mujer de la Tierra —junto con algunos animales— para llevarlos al País de las Maravillas y poblarlo.
En este reino, todos servían de una u otra forma a la Reina de Corazones, ya fuesen nobles o plebeyos. Las diferencias sociales dependían estrictamente del poder adquisitivo, sin importar la raza. Cualquiera podía ejercer distintos oficios o profesiones, aunque no todos lograban amasar la fortuna necesaria para comprar un título aristocrático.
Antiguamente existía el día de descanso: el último de la semana en el que la población dejaba sus labores para acudir a las tabernas a beber hidromiel, cerveza de cereza frutada y otros licores, mientras cantaban y jugaban a las cartas. Sin embargo, por decreto de la Reina de Corazones, esta festividad fue abolida y sustituida por celebraciones mensuales impuestas a su nombre. Muchos murmuraban que la reina temía que los dioses regresaran y, al presenciar su tiranía, decidieran derrocarla. Estas conmemoraciones se hacían en honor a los veinte dioses hermanos y a los Dioses Padres.
El pueblo sabía que los dioses habían retornado a Pasais (“El Paraíso de los Dioses”), la ciudad situada en los cielos infinitos, y que solo volvían en secreto durante las festividades para beber sin medida. A pesar de todo, los habitantes rezaban para que sus creadores los libraran del yugo de la reina. Por esa razón, muchos rechazaban el mensaje oficial del Iluminado difundido por el régimen donde daba larga vida a la reina y preferían creer en los rumores de que una heroína de otro mundo vendría a salvarlos, negándose a verla como una amenaza.
—¿No puede ser? —¿Sí lo es? —¿No lo es?
Los dos jóvenes con la misma apariencia la sujetaron con fuerza de las manos y comenzaron a tirar de ella hacia el interior.
—¡Oye, ¿qué creéis que está haciendo?! —alzó la voz Alicia, pero ninguno le prestó atención.
—Es...
—No, es que no la ves... ¡es muy enana!
—Tienes razón, pero lleva el vestido celeste y el mandil blanco.
Alicia intentaba apartarse, pero era inútil; se sentía atrapada entre dos muros de carne y hueso. —¡Ya basta, ustedes dos! ¡Díganme dónde está el Relojero! —gritó el Joker.
—Él... —empezó a decir el chico que llevaba un uniforme rojo.
—Él ha salido a cazar —lo interrumpió el otro, de uniforme negro.
—Déjanos entrar a su mansión —exigió Cómodo.
Los dos muchachos se miraron un instante y, sin decir más, tiraron de Alicia con mayor violencia hacia el interior, cerrándole la pesada puerta en las narices al Joker.