Fantasía
La maldición del espejero
Epílogo
Por giulianna
Una diminuta comisura se elevó en sus labios, dibujando una sonrisa indescifrable al constatar que el muchacho no había sucumbido ante los espejos. Caleb se limitó a alzar su jarra de cerveza en un brindis silencioso y dio un trago largo para mitigar la punzante jaqueca provocada por la furia latente del Padre, cuyos reproches resonaban en su mente como castigo por haber perdido a su presa favorita.
Mientras el alcohol quemaba su garganta, los recuerdos de los siglos pasados acudieron a él: miles de hombres y mujeres que habían caído en su trampa con un único propósito oculto: alimentar el estanque negro en algún rincón remoto de este planeta llamado Tierra para que volviera a surgir, aunque su poder aún estuviera lejos de alcanzar la magnitud que tuvo en su mundo natal.
Ya habituado a los gritos incesantes en su cabeza y soportando el dolor con estoicismo, brindó en solitario por aquella pequeña derrota. Volvió a examinar a la concurrencia: almas corrientes cargadas de historias propias, de miedos secretos, de ambiciones mezquinas... Cualquiera de ellas podía ser la próxima víctima de los cristales.
En ese momento, al girar la vista hacia la barra, su mirada se detuvo en una mujer que vestía una casaca de color celeste fosforescente. El destello de la prenda le golpeó el alma, devolviéndole de golpe el rostro de aquella maga que, siglos atrás, le había regalado alegría y esperanza antes de arrebatarle todo. Con un vuelco en el pecho, comprendió la amarga ironía: era ella. La mujer que los espejos reclamaban con más fuerza.
Tomó el último sorbo de su bebida, dejó unos billetes sobre la mesa y se levantó de la silla. Ajustándose la casaca de cuero, dio el primer paso para interceptarla antes de que la oscuridad volviera a reclamar lo suyo.