Misterio y Terror
El huésped del borde
A veces los monstruos que nos rodean no son más que nuestros propios pensamientos.
Por Gabriel Limprich
Hay algo sentado
al borde de mi cama
que no tiene ojos,
pero cuya cuenca vacía
me perfora y me vigila en silencio.
No emite aliento
ni gasta el aire de la estancia;
sin embargo,
se alimenta despacio
de mi pulso y de mi aliento.
No hay colmillos
ni garras en esta penumbra,
sino una densidad de plomo
que hunde el jergón.
Me susurra verdades
que mis propias manos
intentaron enterrar,
pensamientos ajenos
que se infiltran en mi mente
como un veneno frío
que no viene del invierno.
No temas a los monstruos
que aúllan en la intemperie;
teme a los que aprendieron a sonreír
con rostro humano,
a los que habitan
la orilla de tus insomnios
y te recuerdan, con voz de ceniza,
que nunca estuvimos a salvo
de nosotros mismos.