Poesía
El cruce de la línea invisible
7 de enero
Por Gabriel Limprich
Durante mucho tiempo
nos escudamos bajo la sombra
de la amistad.
Era un pacto de silencio
para no mirar de frente
el fuego que crecía entre los dos.
Pero pretender ser solo tu confidente
es la mentira más grande
que me he contado.
No nos pusieron tan cerca
para conformarnos
con roces accidentales
o silencios a medias.
La línea que separa el afecto
del deseo salvaje
es demasiado delgada
bajo esta luz de verano.
Ya no me sirven
las despedidas prudentes
en la puerta de tu casa.
El reloj no se detiene
y la vida no perdona
a los que dudan.
Por eso sacudo mis miedos
y voy a buscarte.
Voy a cruzar el límite
de una vez por todas,
sabiendo que al besarte
perderé la calma conocida,
pero abrazaré por fin
el destino que estuve esquivando
toda mi vida.