Poesía
El centro de gravedad
9 de enero
Por Gabriel Limprich
Afuera, el mundo
es un colapso constante,
una tormenta de ruidos y prisas
donde todos corren tras el reloj.
Pero aquí adentro,
las reglas cambian.
La verdadera felicidad
no está en conquistar el universo,
sino en descubrir
que todo el espacio que necesito
cabe en el rincón donde te abrazo.
Lejos del caos de la calle,
nuestra intimidad
es un refugio seguro,
un baile lento y secreto
entre dos cuerpos
que deciden ignorar
el ruido de afuera.
Cuando apoyo mi cabeza en tu pecho,
el latido constante de tu corazón
me demuestra que la eternidad
no es un lugar lejano y frío
lleno de estrellas,
sino esta habitación a media luz.
Despertar contigo cada mañana,
sintiendo el calor de tu piel,
es la única certeza que me calma.
Mientras los demás se desgastan
intentando descifrar
los grandes misterios,
yo prefiero quedarme en la trinchera
de este sueño terrenal,
sabiendo que mi mejor manera
de ganarle a la muerte
es simplemente amarte hoy.