Poesía
El aire que te nombra
2 de enero
Por Gabriel Limprich
El calor pesa sobre la tierra como un recuerdo denso y cegador.
En medio de esta luz que todo lo expone, imagino tu rostro esquivando el resplandor de la tarde.
En el letargo de la siesta, el silencio se vuelve insoportable.
Añoro tus manos bajo la sombra, un oasis de frescura que mi memoria se niega a soltar.
El sol se rinde lento, dejando una calidez marchita.
En la oscuridad, el aire me susurra que estás conmigo, mientras tu ausencia se funde con el fuego de la estación.