Narrativa y ficción
viaje al pasado
basado en un blogui que me negué a participar...
Hay cosas que me merecen respeto o una sana distancia.
Y escribir para concursar en un tema donde hablo de Él, pierde encanto, pierde dirección.
Por eso, no sé si es aquí que debo escribir, pero lo repito:
Abro la puerta del DeLorean, que rechina como Vocho viejo.
Me pongo el cinturón que no sirve, pongo 0000-00-00 en el tablero, le piso a 88 millas por hora… y ¡¡ZAZ!!
Se apaga todo.
Huele a llanta quemada y a incienso de verdad —no de los que venden en TEMU—.
Caigo en Belén.
No hay luces, no hay Starbucks, no hay McDonald’s frente al mar.
Hay tierra, hay frío, hay animales.
Y un llanto de bebé que no es cualquier llanto.
Y lo primero que pienso es:
¡No manches, Ernesto!
Viajamos dos mil años para llegar al momento donde Dios agarra el micrófono, pero ahora sí, en persona.
No hay palacio.
No hay título universitario en la puerta.
No hay “Lic. Mesías, Cédula Profesional”.
Hay una cueva, una mujer joven —María, que me parece en edad de estar en el colegio, no de ser madre—, agotada, pero con una paz que no se explica.
Y José, un vato como tú y como yo, carpintero. Un CHPT: chingón para todo lo que sea construcción, pero de los de verdad.
Y ahí está, sin saber ni dónde acostar a su esposa.
No hay cama, silla ni reposet.
Y el bebé. Envuelto en una tela que, me imagino, fue la túnica de gala del pobre José.
Sin cuna, sin calentador, sin biberón.
Y me cae "el veinte" de todo lo que he estado viviendo:
En la Misa decimos “Palabra de Dios” y nos sentamos a escuchar. Aquí la Palabra no se lee, ¡está llorando!
Y recuerdo que escribí: “el mejor título es ser buena persona”. Aquí el Rey del Universo llega sin título o con el título más grande: hijo del carpintero.
Y recuerdo que tengo un amigo que no me habla por un chiste que no le gustó y sostengo que es un amargado sin sentido del humor. Pero aquí, frente a mí, acaba de nacer el que va a decir: “Amen a sus enemigos”.
¿Y si me le acerco a José y le digo: “Oiga, vengo del 2026, traigo un DeLorean”?
Seguro me va a ofrecer agua y me va a preguntar si ya comí. Porque la gente buena es así, en el año cero y en el 2026.
Seguro pensará que el desierto me afectó o que ya volví a fumar esa chingadera.
¿Y sabes qué le diría al Niño?
No le pediría más pelo y más cejas.
Le diría lo que le dije a Sara Aleida enferma:
“Señor, yo no te amo porque te necesite… yo te necesito porque te amo. Y sin Ti, estaría muy mal. MUY mal”.
Luego me regresaría corriendo al DeLorean antes de que me deje, porque tengo que llevar a Sara Aleida a su comunidad y todavía tengo que invitarle una torta a un repartidor de DiDi.
¿Qué le dirías tú, si fueras el copiloto?