Desarrollo personal
Mujer de Dios
Mujer de Díos, Mujer Valiente
Algunos confundimos la esencia de ser una “mujer de Dios”.
Creemos que callar, agachar la cabeza y soportar el maltrato son señales de humildad y obediencia.
Con esa creencia terminamos justificando una injusticia.
Una injusticia que se repite de generación en generación cuando enseñamos a las mujeres a soportarla y a los demás a considerarla normal.
La Biblia nos muestra mujeres que hablaron con valentía ante los reyes, lideraron a su pueblo, levantaron negocios y defendieron a quienes amaban.
¡Su fe también las impulsó a actuar!
Una mujer de Dios puede ser humilde y, al mismo tiempo, firme.
Puede amar sin tolerar el abuso.
Perdonar sin volver a ponerse en manos de quien la lastima.
Y decir “no” sin que eso la haga menos buena, menos creyente ni menos digna de ser amada.
Obedecer a Dios no significa someterse al maltrato de nadie.
Porque la misma dignidad con la que se arrodilla ante Dios la acompaña cuando se pone de pie y dice: “Hasta aquí”.