Actualidad
Día de muertos
celebrando con auténtico amor
Para este Día de Muertos no tengo flores, velas ni altares; tampoco cara de tristeza.
Siento que no tengo muertos en la familia: tengo gente valiosa que simplemente se adelantó con Dios.
Pero, paradójicamente, siguen aquí conmigo, caminando en mi día a día, en mis recuerdos y latiendo muy vivos en mi propio ADN.
Hoy no lloro ni rezo oraciones de memoria.
Hablo con Dios a lo pelado, con palabras vivas y mundanas.
Y en esa vorágine de palabras reales le pido por su amor para los vivos y misericordia para los que ya partieron.
Abro las cortinas de par en par para que la bendición del sol me acaricie el cuerpo y me llene la casa de luz.
No usaré este día para meditar sobre la muerte; lo usaré para celebrar la responsabilidad de estar vivo.
Mi ofrenda no es pan ni comida: es una sonrisa sincera para los demás, mi terquedad de ser feliz y la decisión de salir a abrazar a quien hoy tiene muerta la esperanza, la paz o la fe.
¡Esa es mi mejor oración y mi verdadera forma de honrarlos!.
Para que donde estén, se sientan orgullosos de su legado.
Tengo tantas gracias que dar que mi casa es de puertas abiertas.
Aquí entran todos los vivos y los recuerdos de aquellos que hoy descansan.
Y en la entrada pondré un aviso muy claro para el que lo lea:
«Aquí yace y vive una persona que se niega rotundamente a morir en vida».
Pasen a conocerlo...