Narrativa y ficción
Sentimientos
Una novela que habla sobre la importancia de asistir al psicólogo.
Sentimientos
CAPÍTULO I
El Ángel del Orfanato y la Bendición Divina
Nacido en una fecha desconocida en la ciudad de Ambalasia, en la hermosa nación de Ecuacia, fue abandonado dentro de una caja de cartón en un orfanato, completamente desnudo y envuelto en una sucia y vieja chompa de lana.
Fue creciendo bajo el cuidado y el dulce encanto de varias mujeres que alimentaban a los bebés desamparados con sus generosos senos. Al cumplir su primer año de vida, lo bautizaron como Ángel Scotland, un nombre y un apellido escogidos al azar; de igual manera, se decretó el 14 de febrero como su fecha de nacimiento.
A los ocho años de edad, en su completo uso de la razón, anhelaba ser amado por unos padres amorosos al llevar en la mente el amargo conocimiento del significado de ser huérfano.
Mientras ese anhelo se cumpliera —sin importar el mañana en que su sueño se hiciera realidad—, él se convertiría en el mejor amigo de todos. Era el pequeño gran estudiante y gran maestro que siempre cumplía con sus obligaciones, mostrando a todos que la perseverancia, el amor y el cuidado en todo lo que se hace con humildad, honestidad, honor, valor, coraje, paciencia y pasión, son los mejores aliados. Se transformó en el ángel guardián de las sonrisas de sus pequeños compañeros para que nunca existiera la tristeza, buscando que siempre estuvieran sonriendo, aunque no tuvieran un motivo para hacerlo. Ángel se alegraba profundamente al ver a sus pequeños amigos salir del brazo de unos padres adoptivos; siempre aprendía los actos buenos de los adultos y despreciaba los malos, manteniéndose en constante contacto con el conocimiento que le entregaba cada libro, video educativo y la maravillosa enseñanza de las palabras en la oración a Jesucristo.
Para disfrutar de una compañía y valorar todo lo que lo rodea, primero se debe disfrutar de la nada y de la soledad, dos amigas y compañeras fieles e inseparables para él. Soñaba y oraba cada día, cada noche, por un feliz final: tener una familia que lo amara y conocer, por primera vez, el significado de dar, recibir y compartir el amor con personas llenas de afecto.
Sin embargo, en una dulce espera que parecía interminable, la soledad terminó por endurecer su blando corazón. Al amanecer de su cumpleaños número diecisiete, un frío repentino invadió su pecho. Sus lágrimas crecieron y crecieron mientras experimentaba un infinito odio y rencor hacia la nada; un vacío tal, que por mucho —y por poco— comenzó a anhelar la muerte.
—¿Por qué? —se preguntaba en la penumbra—. ¿Por qué no puedo entender este frío en mi interior que me hace odiar y tener rencor a la nada y a la soledad que tanto disfruto? ¿Qué es lo que me sucede? ¿Por qué no puedo tener las respuestas correctas? ¿Quién las puede tener por mí? Si en verdad existe un ser supremo sobre la faz de la tierra, a quien llamamos Jesucristo, que habita en el cielo y es grande, aunque no lo podamos ver... ¿Por qué es tan misericordioso, pero no ha tenido la piedad de enviarme unos padres que necesiten de mí para entregarme todo su amor? Tan solo deseo una oportunidad. Una sola oportunidad. Una sola oportunidad.
El ser supremo que habita en el cielo, a quien todos llaman Jesucristo sin importar el idioma e incluso si creen en él o no, escuchó el lamento. Se sintió contrariado al oír tanta queja y la continua exigencia de una oportunidad, sin que el muchacho supiera siquiera qué clase de destino estaba reclamando.
Con su gran poder, desde lo más alto del firmamento, miró dentro del corazón de Ángel y le arrebató sus cinco sentidos por un breve instante. En su infinita misericordia, le concedió a cada uno de esos sentidos la facultad de percibir mucho más allá de los límites humanos en el momento en que más lo necesitara y cuando menos lo mereciera.
Ángel continuó refugiado entre los libros. Pasaba las horas en la biblioteca; ya solo le faltaba revisar los textos de derecho para completar la lectura de los miles de volúmenes que componían la colección.
Había olvidado por completo su cumpleaños número dieciocho cuando, unos días más tarde, recibió la notificación oficial: debía abandonar el orfanato al haber alcanzado la mayoría de edad.
¡Se había convertido en un hombre imponente donde quiera que se parara! Poseía una mirada profunda y solitaria que demostraba su grandeza, cejas pobladas y el cabello negro y lacio. En sus ojos de color café se reflejaban la ternura y la tristeza de un alma y un corazón que jamás habían sido amados; sin embargo, en su sonrisa ganadora se vislumbraba algo que las palabras no alcanzan a describir. Todo en él era perfecto; él era perfecto.
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