Narrativa y ficción
Una palabra
Las palabras duelen, pero podemos fingir que no nos afectan
Por cheixxgei
Sofía sabía lo que venía. Ya había sido advertida con la mirada de su madre.
Así que ella sólo se anticipó a poner su mejor sonrisa fingida.
'¿Sigues siendo una solterona?’
Sus tías rieron mientras le recalcaban que su prima de tan solo 21 años estaba comprometida y embarazada, mientras ella, con sus 28 años no ha tenido ni siquiera un novio.
¿Acaso no sabían que ella ya sabía? Es decir, ella sabe que ni un mísero muchacho se le acercado a coquetear, que nadie la toma en cuenta y que, tal vez, nunca tenga la dicha de saber lo que es que tu pareja te quiera.
Ella ya lo sabe, ya está resignada.
Sabe que quizá es difícil de amar, o que quizá la consideren poca cosa y fea, y que probablemente, sólo cause asco a donde quiera que vaya.
Pero no importa que tan mal se sienta, su familia siempre se lo recuerda, siempre le dicen esa palabra que tiene casi tatuada en la cara.
Solterona.
Ella aborrece casi con locura esa palabra estúpida que su tía siempre le dice. Ya ni siquiera sabe si lo hace con maldad o solo para ver cómo va reaccionar.
Pero entre su agotamiento, no encontró las ganas para pelear ni llorar.
Así que solo siguió ahí sentada fingiendo que escuchaba sus consejos para conseguir un buen muchacho que la sacara de su casa, siguió ahí con la cabeza en alto mientras que en su interior solo se sentía un vacío que se expandía.
Ella deseaba ser querida, que alguien la viera aunque sea un poco deseable y la sacara de ese nido de víboras.
O si se pudiera, que ella misma se rescatara de ese horrible lugar, porque añorar a un hombre que no existe solo es masoquismo.
Porque sabe que nadie nunca la querrá como desea ser amada.