Blogui

Escribe lo que
no te atreves a decir

Conectando lectores con escritores

Comparte historias, conecta emociones y encuentra personas que vibran como tú.

+{{ formatNumber(stats.bloguis) }}bloguis publicados
+{{ formatNumber(stats.lecturas) }}lecturas registradas
Comunidad activa Lectores · Escritores
"El silencio también narra."
— María, escritora en Blogui
BIENVENIDO DE VUELTA

Continúa tu historia.

Tu próximo blogui te está esperando.

o

¿No tienes cuenta? Crear cuenta

Al continuar aceptas nuestros Términos y el Aviso de Privacidad.

NUEVO EN BLOGUI

Únete a la comunidad.

Empieza a escribir lo que no te atreves a decir.

o

¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión

Al continuar aceptas nuestros Términos y el Aviso de Privacidad.

INICIAR SESIÓN

Bienvenido de vuelta

Ingresa con tu correo y contraseña.

● {{errors.email}}

● {{errors.password}}

¿Olvidaste tu contraseña?

Iniciar sesión con código

o

¿No tienes cuenta? Crear cuenta

RECUPERAR CONTRASEÑA

¿Olvidaste tu contraseña?

Ingresa tu correo y te enviaremos un enlace para restablecerla.

● {{errors.email}}

o

¿Recordaste tu contraseña? Iniciar sesión

CÓDIGO DE ACCESO

Iniciar sesión con código

Te enviaremos un código por correo para acceder sin contraseña.

● {{errors.email}}

Ya tengo un código

o

¿Recuerdas tu contraseña? Iniciar sesión

VERIFICAR CÓDIGO

Ingresa tu código

Te enviamos un código de acceso a tu correo. Pégalo o escríbelo aquí.

● {{errors.email}}

● {{errors.code}}

Solicitar un nuevo código

{{ resetMode === 'asigna' ? 'ESTABLECER CONTRASEÑA' : 'RECUPERAR CONTRASEÑA' }}

Crea una nueva contraseña

{{ resetMode === 'asigna' ? 'Establece una contraseña para habilitar también el acceso manual.' : 'Ingresa tu nueva contraseña para acceder a tu cuenta.' }}

● {{errors.password}}

  • Mínimo 8 caracteres
  • Al menos 1 mayúscula
  • Al menos 1 minúscula
  • Al menos 1 número

● {{errors.confirm}}

o

¿Ya tienes cuenta? Iniciar sesión

CREAR CUENTA

Cuéntanos quién eres

Completa tus datos para crear tu cuenta.

● {{errors.nombre}}

● {{errors.usuario}}

● {{errors.email}}

Fecha de nacimiento
{{ d }}

● {{errors.fecha_nacimiento}}

● {{errors.password}}

● {{errors.password_confirm}}

● {{errors.edadCheck}}

● {{errors.terminosCheck}}

o

¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión

DESCARGA LA APP

Lleva Blogui contigo a donde vayas.

Escribe, lee y conecta con tu comunidad desde el móvil.

Escanear código QR
QR para descargar Blogui
o descarga directo
Cargando...

Narrativa y ficción

Presentación CUANDO MIS CENIZAS REGRESEN AL MAR VOLVERÉ A SER SIRENA de Gerundio. Cristian Cristino

“Sirenas de barco jugaban al viento y tú eras un poco más” Claudio Baglioni.

Por Colectivo Mar y Cueca

INTRODUCCIÓN

¿Cuántas veces se puede contar una misma historia?


Buenas tardes:
Quiero agradecer que estén aquí acompañándonos y quiero agradecer especialmente alquerido Colectivo Mar y Cueca que me ha invitado para sumarme a la presentación de este libro aquí en Talagante y en este día.
Un 18 de octubre. Como aquel ¿ya lejano? 18 octubre de 2019.


¿El llamado Estallido Social no habrá sido más que un “instante liminal”?

 

SOBRE LA LIMINALIDAD

La liminalidad es un concepto que no se limita al espacio físico o simbólico: también puede describir tiempos de la historia o momentos sociales en los que el orden habitual se interrumpe y algo nuevo está emergiendo, pero aún no se define del todo. Por ejemplo, las revoluciones, que son momentos liminales en los que las estructuras quedan suspendidas. El fin de una dictadura o el inicio de una pandemia pueden entenderse como estados liminales: lo viejo aún no termina, lo nuevo todavía no comienza. Incluso a escala personal, el duelo, el exilio, la convalecencia, o el descubrimiento de una identidad son tiempos liminales:
zonas de tránsito donde el sujeto se redefine.


El antropólogo Victor Turner hablaba de la liminalidad como un “entre-mundos” donde las jerarquías se desordenan y surge una comunidad de lo incierto. En la historia, esos momentos son fértiles pero también peligrosos: abren la posibilidad del cambio, pero sin garantías; un umbral histórico: El 18 de octubre fue quizás ese tipo de umbral. Por un tiempo —breve, intenso, irreversible— el país entero habitó el entre: La revuelta fue también un gesto de escritura —una inscripción sobre los muros, sobre las calles, sobre las pieles— donde la palabra recuperó su urgencia política y su fragilidad humana. Es en ese eco que la obra de Gerundio dialoga con el Estallido, y para mí cobra especial sentido hablar de CUANDO MIS CENIZAS REGRESEN AL MAR VOLVERÉ A SER SIRENA un 18 de octubre. Tanto el Estallido como la obra de Gerundio escriben desde la fisura,
desde la necesidad de decir lo que se quiso silenciar. Es una lengua que se sabe nacida del temblor y que, precisamente por eso, imagina otra forma de comunidad: una jauría desperdigada que canta entre los escombros, una sirena que emerge entre los gases y la memoria. Una imposible ave del paraíso desesperada por llegar a la Estación Central.

 

UN ERROR DE LECTURA COMO DESTINO

El jueves pasado pasé buena parte de la tarde en la Hemeroteca de la Biblioteca Nacional, buscando información sobre un hecho ocurrido en 1987 en las calles del centro de Santiago. No me di cuenta de cómo pasaba el tiempo: me lo dijo recién la batería del teléfono que se agotó después de tantas fotografías a los periódicos. El segundo llamado a la realidad fue la voz de los funcionarios pidiendo que recogiéramos nuestras cosas, que la sala cerraba. Yo seguía pasando páginas con rapidez, anotando en una libreta palabras sueltas y fechas que debía revisar con calma en otra futura visita. Y fue en ese vértigo cuando me encontré con un pequeño recuadro: una cita que anoté apurado, incrédulo ante lo que estaba leyendo. Decía: “Ahora te morirás igual que yo.”


La nota hablaba —¿y a pito de qué? —de Gaëtan Dugas, (20 de febrero de 1953-30 de marzo de 1984), asistente de vuelo canadiense descrito como "paciente cero", acusado —según el periodista Randy Shilts— de introducir el síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA) en los Estados Unidos; Paciente cero responsable de contagiar a medio país, como si en ello, Dugas se vengara de un destino maldito. El periódico que me encontré describía cómo Gaëtan seducía a sus víctimas —todos varones, por supuesto— y, que después del acto sexual, se abría la camisa para mostrar —cito— “las rojas heridas del cáncer de su piel”.


“Ahora te morirás igual que yo."


No me quedó otra opción que seguir indagando por mi cuenta a pesar de no tener nada que ver con el objetivo de mi investigación inicial. 

 

Pues Bien:


Los primeros años del bautizado SIDA, el nombre que concentra el miedo: Gaëtan Dugas. Asistente de vuelo canadiense, joven, hermoso, homosexual. El “paciente cero”. En realidad, no lo era. En los informes médicos su nombre aparecía acompañado de una letra: la O de Outside of California (“Fuera de California”), Pero alguien la leyó como un número. Un “cero”. Esa confusión se volvió historia; el error, destino.


Dugas fue transformado en emblema de lo que debía evitarse: el cuerpo deseante, la libertad que amenaza al orden, la belleza que contamina. Décadas después, la ciencia desmintió el mito. El virus ya circulaba mucho antes de él. Pero las narraciones del miedo son más resistentes que los hechos, y el lenguaje, a veces, más cruel que una enfermedad.


Pienso en ese año —1984— como un doble nacimiento. El año en que muere Dugas, cargando con la culpa ajena, y el año en que nace Gerundio, quien hará del virus un alfabeto. En esa coincidencia mínima, pero cósmica, parece cifrarse una transmisión secreta: del cuerpo señalado al cuerpo que escribe, del silencio impuesto a la palabra que se sabe herencia.


Gerundio escribe desde esa línea interrumpida como quien reanuda una conversación cortada a la fuerza. Sus libros no son elegías: son continuaciones. Si Dugas fue reducido a cifra, Gerundio multiplica las voces. Si a aquel lo nombraron para estigmatizarlo, este se nombra para resistir.


Leí la frase varias veces. “Ahora te morirás igual que yo.”


No es casualidad. Uno muere reducido al mito del castigo; el otro nace para transformar ese estigma en lenguaje. Lo que en Dugas fue silencio y culpa, en Gerundio se vuelve palabra, canto, comunidad.

 

EL BORDADO DE UNA ESCRITURA

El que nos convoca es un libro hermoso, que golpea, que emociona y que también te enciende. Un libro que se vincula con el anterior “Dejaste que me quemara y ahora somos cenizas en el suelo”, continuando un proyecto, pero proponiendo también un nuevo modelo dentro de este universo que podemos ya reconocer con más fuerza en su autor, y si bien nos encontramos otra vez con la misma fluidez de las formas, despierta mi atención que herramientas como el verso han adquirido una potencia distinta. Es un texto maduro y necesario que TAMBIÉN debiésemos leer como testimonio para la biblioteca colectiva que se está escribiendo en nuestro tiempo.


Hay libros que no se escriben: se remiendan. La voz de Gerundio viene de esa costura entre la infancia y el exilio interior, donde las palabras se aprenden como defensa o refugio.


Me puse las faldas de mi abuela y me hice la mujer. Los domingos. Entre las nueve y las diez. Parí muñecas con palitos de helados. Y jugué. Fui la madre amariconada de una familia de ‘mijas’.


Escribir, aquí, es bordar sobre una tela rota. Cada frase recompone una escena que el silencio quiso borrar.


Nos sometieron al frío del agua en la espalda. Tratando de corregirnos con un castigo que, de seguro, no entendían. Solo porque a su dios le parecía correcto. Lo maricón no se quita con una bolsa y el intento de asfixiarnos. Lo maricón no se quita cuando tus compañeros de curso te meten la cabeza al wáter.


La infancia narrada no es recuerdo: es cuerpo. Cuerpo que resiste, cuerpo que archiva, cuerpo que testimonia. Es una ética. El texto funda una constelación que no necesita permiso, una familia compuesta por los cuerpos expulsados del relato nacional.


Nos dijeron. Camina. Habla. Como hombre. Ser o no ser. La Madonna. No la de Miguel Ángel. La Madonna travesti de Lemebel, la Madonna de Like a Virgin.


Y quiero decir algo quizás espinoso; una desviación: Quisiera traer a la pista justamente a la figura de Pedro Lemebel.


Por mí. Por él. Y por todas las compañeras muertas sin nombre. En Dictadura. Y en
Democracia.


Hace no tantos años que la escritura de Pedro Lemebel comenzó a circular más allá de sus círculos militantes. En esos primeros tiempos ¿Quién hubiese creído que habría disputas y acuerdos entre editoriales trasnacionales, familiares, pretendidos herederos, plataformas de streaming, etcétera, para sacar provecho de la obra de un escritor tan marginado como Pedro Lemebel? Pareciera que fue en un abrir y cerrar de ojos que SU ESCRITURA DESGARRADA Y PUNZANTE, TIERNA Y COMBATIVA se volvió canon. Y si bien ha sido un impulso y una bendición para tantas lecturas y escrituras de alitas rotas, también es cierto que ha promovido una bandada de imitaciones que no es mi intención desmerecer,
pero ante las cuales me pregunto honestamente por su pertinencia presente y futura más allá que para ilustrar una ola literaria específica. Y es en todo este jardín revuelto que se destaca como un faro la voz de Gerundio que toma el testimonio que nos ofrendó Lemebel, pero lo transforma y lo atraviesa por su sensibilidad para entregarnos una obra con la que podemos bordar una genealogía que TAMBIÉN incluya a Lemebel. Una genealogía de escrituras que
es el hogar en el que tantos huachos nos encontramos y en el que reconocemos en las letras de Gerundio la belleza, el nervio y la autenticidad. Gerundio elige su propia aguja y su propio hilo.

 

¿Cuántas veces se puede contar una misma historia?


A ratos, la voz de Gerundio cambia de registro. De la confesión pasa a la ironía, de la memoria al comentario cultural. Ahí su escritura se vuelve peligrosa. No porque
escandalice, sino porque dice lo que los demás callan.


Duelen. Los tacos de cemento. Duelen los tacos de Andrés Pérez. De Andrés Pérez acusando a Carlos Ibáñez del Campo. Duele. Duele la Zamudio. El Huacho. El maraco. Duele. La cola tiene SIDA. Chile tiene SIDA. Como dicen los artistas en el Bellas Artes sin SIDA.


Desde el sarcasmo, Gerundio desnuda las buenas conciencias del arte chileno y sus exclusiones. Su humor no alivia: perfora.


Y, sin embargo, entre la rabia y la crítica, se abre un espacio inesperado: el del amor.


En el último otoño te soñé. Estabas mucho más viejo que yo. Panza. Canas. Ojos Cansados. Tu sonrisa ya no era de perlas; como antes. Y yo; recordando. A tantas tontas peleándose por ti en la población. Deseándote en secreto. Y yo; recordando. Yo. Yo; la que no era como todas las otras tontas. La tonta especial. La tonta primera de todas. La tonta que te vio haciendo el amor con otra tonta en el mismo lugar que fue de nosotros dos. La tonta que se amaneció vigilando cada detalle de esa traición.

 

El romanticismo que atraviesa el libro no es sentimentalismo. Es persistencia. Es ternuraque se atreve a permanecer.


Nos proponemos estrellarnos y no lo sabemos. No todos nacemos estrellas. Algunas nacemos por abusos. Por condones rotos. Algunas nacemos por casualidad. Y yo, cuerpo de cráter lunar quiero volver al encuentro entre un meteorito y un asteroide homosexual y su sexo casual. En las galaxias de mucho más allá.


Ahí está la declaración de principios. Una poética del daño que no se victimiza, una afirmación vital escrita con el pulso de la supervivencia. Entre la muerte y el nacimiento, entre la letra mal leída y la palabra recobrada, se traza una genealogía posible: una escritura seropositiva, no definida por el virus, sino por su poder de reescritura.


Gerundio escribe desde el lugar donde otros fueron silenciados. Y al hacerlo, no solo recuerda: inventa una nueva forma de vida en común.


LA ESCRITURA DE GERUNDIO QUE ES DESGARRADA Y PUNZANTE,
TIERNA Y COMBATIVA.

 

{{ winnerBannerDynamic && winnerBannerDynamic.ICONO ? winnerBannerDynamic.ICONO : '🏆' }} ¡Este texto ganó en {{winnerBannerData.CHALLENGE_TITULO}}! Descubre más publicaciones participantes. {{ winnerBannerDynamic.TEXTO_BOTON }} Ver publicaciones
{{ articulo.categoria_nombre }}
{{ articleChallenge.ESTADO === 'finalizado' ? 'Participó' : 'Participando' }} en BloguiChallenge {{ articleChallenge.TAG.startsWith('#') ? articleChallenge.TAG : '#' + articleChallenge.TAG }}
Contenido sensible

{{ tituloArticuloDecodificado }}

{{ descripcionRecortadaDecodificada }}

Incluido en {{ totalBloguiversosArticulo }} Bloguiversos • Explorar
{{ this.articulo.fechaPub }} • {{ this.articulo.time === 0 ? 1 : this.articulo.time }} min lectura • {{ this.articulo.fechaEd }}
{{articulo.comentarios}} {{ articulo.totalRetiwts }}
{{ tag.startsWith('#') ? tag : '#' + tag }}
{{articulo.comentarios}} {{ articulo.totalRetiwts }}

Comentarios

Ya estás al día

Reportar artículo

¿Qué está pasando?

Checaremos las normas de la comunidad, así que no te preocupes de escoger la opción perfecta.

Mínimo 10 caracteres requeridos.

Gestionar invitaciones

@
Invitar ?
? Buscando...

Usuarios invitados ({{ usuariosInvitadosModal.length }})

?

Cargando invitaciones...

No hay invitaciones aún

Busca usuarios arriba para invitarlos

{{ invitado.NOMBRE }}
@{{ invitado.USUARIO }}
? Aceptada ? Pendiente ? {{ formatearFecha(invitado.FECHA_CREACION) }}

¿Listo para tu siguiente historia?

Terminaste este bloguiverso. Estas historias podrían gustarte.

Ahora te mostraremos nuevas historias,
cuidadosamente seleccionadas para ti.

Cargando recomendaciones...
{{ fallback_tab_vacio_mensaje }}
Volver al inicio
Volver al inicio
Pausar
Continuar