Narrativa y ficción
Yo no quiero hablar como hombre
Una columna sobre «Cuando mis cenizas regresen al mar volveré a ser sirena
Yo no quiero hablar como hombre. Porque lo que llevo entre las piernas no define la memoria, ni el deseo, ni la justicia que busco. Porque mi voz afeminada no es un accidente, es un gesto político. Hablar así, con este tono que muchos quisieron silenciar, es resistir la norma que nos quiso obedientes, rectos, disciplinados.
Nosotras, nosotres, nos obligaron a callar. Nos dijeron que el virus era culpa, que los besos eran riesgo, que los cuerpos disidentes eran enfermedad. Pero seguimos aullando, incluso cuando la intemperie nos partía el pecho. Porque hay algo que no pudieron quitarnos: la certeza de que la memoria se construye en colectivo, en la manada, en la jauría.
Ahora aúllo con mis muertas. Con mis amigas, con mis amores. Con las que se fueron y las que quedamos. Aúllo para que el silencio no sea la única herencia. Para que el dolor no se convierta en norma. Para que la dignidad sea un derecho y no una excepción.
Hablo desde la herida, pero también desde la furia. Desde la ternura que compartimos en la precariedad y desde la rabia que no pide permiso. No hablo como hombre porque nunca lo fui: hablo como disidencia, como memoria viva, como cuerpo que sangra y se levanta.
Y si mi voz incomoda, que así sea. Porque la incomodidad es el inicio de la transformación. Porque no quiero encajar en un idioma que me niega, prefiero inventar un lenguaje con mis muertas, mis amigas, mis amores.
Prefiero aullar.