Poesía
te enseñé a arder y después me dio miedo el fuego
cuando ayudas a alguien a destruirse y al final te va miedo ver lo que tu mismo rompiste
Por anahialejo62
Te enseñé a arder y después me dio miedo el fuego
Fuimos dos almas rotas
que confundieron el dolor con compañía,
dos niñas que se amaron tanto
que olvidaron que también merecían
algo más que sobrevivir día a día.
Compartimos heridas,
nos refugiamos en sustancias
para silenciar lo que nos dolía,
y hasta hicimos de la muerte una promesa:
si una se marchaba, la otra iría detrás,
como si amarnos significara
no permitirnos vivir separadas.
Y me duele, amiga mía,
porque te acerqué al fuego
cuando tú ya estabas llena de heridas,
y aunque yo también estaba perdida,
no dejo de preguntarme
quién serías si nunca te hubiera enseñado a arder.
No quiero que volvamos a arder juntas.
Quiero que algún día recordemos el fuego
sin sentir la necesidad de acercarnos a él.
Quiero que estés viva, amiga mía.
Que tengas tiempo, que encuentres ayuda,
que conozcas una vida
en la que no tengas que desaparecer
para dejar de sufrir.
Porque te quise en nuestra oscuridad,
pero hoy quisiera, con todo lo que me queda de amor,
que algún día podamos perdonarnos
por no haber sabido encontrar la luz.
Y quizá algún día, amiga mía,
dejemos de buscarnos en los recuerdos
y aprendamos a vivir con lo que fuimos.
No sé dónde estás,
ni si todavía guardas algo de nosotras,
si alguna canción te devuelve a aquellos días
o si alguna vez pronuncias mi nombre
cuando la soledad se parece demasiado a la de antes.
Yo todavía te recuerdo.
No solamente por nuestras heridas,
sino por las veces que, aun estando rotas,
conseguíamos hacernos reír.
Y aunque me duela aceptar
que tal vez nunca volvamos a encontrarnos,
hay una parte de mí que seguirá queriéndote
desde la distancia que necesitábamos
para tener una oportunidad de vivir.
Perdóname por lo que no supe cuidar,
por lo que compartimos sin entenderlo,
por haberte acercado a un fuego
del que yo también intentaba escapar.
No sé si algún día volveré a verte,
pero, si la vida nos cruza de nuevo,
espero que seamos dos desconocidas
con cicatrices que ya no duelan tanto.
Y si nunca sucede,
si esta termina siendo nuestra última página,
quiero que sepas algo:
Fuiste mi amiga en una época
en la que ni siquiera sabíamos
cómo ser nuestras propias amigas.
Y aunque nuestra historia duela,
aunque haya cosas que nunca podamos reparar,
no me arrepiento de haberte querido.
Solo me entristece
que para aprender a seguir viviendo
hayamos tenido que aprender
a hacerlo la una sin la otra.